Toda vida es vocación.
Es vocación el mundo que Dios creó de la nada.
Es vocación el aliento vital que Dios sopló
en Adán y Eva, estatuas uniformes, casi infinitas.

Es vocación la llamada de Abraham,
Padre de la fe.
Es vocación la misión de los profetas,
mensajeros de Dios.

Es vocación la misión liberadora de Moisés.
Dios dio una vocación especial al pueblo hebreo.
Juan Bautista preparó la venida
del Siervo de Yahvé.

Jesucristo con su venida,
salvó a los hombres de todos los tiempos,
devolviéndoles la alegría
de llamar a Dios con el nombre de Padre.

Vocación es la de María, virgen y madre;
vocación la de José, hombre justo;
vocación la de los apóstoles,
pescadores de hombres.

Hay la vocación de la Iglesia a la santidad.
Hay la vocación de la familia cristiana.
Un niño, un anciano, un muchacho, una chica,
una mujer, un hombre, el Papa, un obispo,
un sacerdote, una religiosa, un misionero,
un papá, una mamá, un adolescente,
un catequista, una persona cualquiera.

¡Cada uno recibe una llamada personal de Dios!

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